En Europa, el IVA sigue un principio común: cada Estado aplica su propio tipo (del 17% en Luxemburgo al 27% en Hungría), pero los mecanismos de exención y de inversión del sujeto pasivo están uniformados.
Cuando una empresa francesa factura a una empresa alemana, la factura puede emitirse sin IVA gracias al IVA intracomunitario. El cliente autoliquida el IVA en su país.
En cambio, cuando se trata de un particular, el IVA debe cobrarse al tipo del país del consumidor. Aquí es donde interviene la ventanilla única OSS, muy utilizada en el comercio electrónico.
Ejemplo: una empresa en Bulgaria que factura a un cliente italiano aplica un IVA del 0% si el cliente es una empresa B2B con un número válido. Pero para un particular, debe cobrar el IVA italiano a través de OSS.
Fuera de Europa, el panorama cambia totalmente.
Estas diferencias exigen un rigor particular en la gestión de la fiscalidad internacional. Un empresario que mezcla clientes europeos y no europeos debe, por tanto, segmentar bien su facturación.
El IVA no es solo una cuestión administrativa: es un criterio de credibilidad.
Comprender el IVA, tanto en Europa como a nivel internacional, es un paso clave para cualquier empresario que desarrolle su actividad más allá de sus fronteras.
En resumen:
En service-societe.com, ayudamos a nuestros clientes a obtener su número de IVA, gestionar su facturación internacional y asegurar sus operaciones, ya sea en Europa o en el extranjero.